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Revista on-line de Arquitectura de Villa Carlos Paz - Valle de Punilla y Traslasierra - Córdoba - Argentina



OPINIONES

Publicado en Trazos 26 - Octubre 2006



En nombre del Planeamiento

Nota escrita por la arquitecta Liliana Bina

Vista aerea de Carlos Paz - Foto: acarlospaz.com

“Trazos” nos propone realizar algunas reflexiones sobre planificación. Y uno no puede evitar la amarga sensación de que poco se puede agregar a lo expresado por tanto estudioso del tema y en cambio, que escaso es el camino de las realizaciones!.
Planificación. Un tema por demás declamado desde las tribunas políticas, como promesa electoral, desde los ámbitos académicos , como reflexión teórica y reclamo técnico-científico y desde la sociedad como abracadabra que permitiría la resolución de los complejos problemas urbanos.
Planes de Ordenamiento, Planes directores, Planes estratégicos y recursos económicos invertidos en consultoras y equipos especializados, muchos han sido los intentos que desde las comunidades locales de nuestra región se han ensayado en nombre del planeamiento, más como un gesto formal de los gobiernos de turno que como un compromiso político serio frente a la responsabilidad de gestionar ciudades y regiones de manera sustentable social y ambientalmente.
Utilizado como herramienta electoral, el planeamiento estratégico, proyecto estrella del modelo democrático fue para los políticos un punto de llegada, cuando para la ciudadanía era un punto de partida, de ahí la falta de conexión y empatía entre unos y otros.
Los reiterados fracasos en la implementación de Planes de Ordenamiento de alcance urbano y regional, la dificultad para el trabajo cooperativo, solidario y complementario de las distintas ciudades que integran las distintas regiones serranas de nuestra provincia, la apropiación del tema por parte de sectores “ especializados” con escasa participación de los ciudadanos, así como la falta de control por parte de los Estados municipales y comunales para garantizar el cumplimiento de los marcos normativos que regulan el crecimiento edilicio, ha instalado la sensación en las comunidades locales de que la problemática es insalvable.
Así es que asistimos atónitos a un acelerado proceso de extensión urbana sobre nuestras áreas naturales de mayor valor, sierras perilagos y riberas de cursos hídricos, a una descontrolada densificación de los centros urbanos, al agotamiento de los recursos naturales, al colapso en las infraestructuras y el equipamiento de servicios, todo ello respondiendo a una lógica de mercado que acentúa desigualdades sociales, inequidades y deterioro en la calidad de vida de las comunidades locales.
No obstante, la magnitud del problema ambiental de nuestra región es también una oportunidad para asumir, los pobladores de cada comunidad, mayor protagonismo en la gestión urbana local a través de mecanismos de participación institucionalizados, de acceso a la información y de consulta popular, exigiendo la permanente legitimación de las decisiones de sus gobiernos en aquellas cuestiones que ponen en riesgo su calidad de vida y que comprometen el futuro de las generaciones venideras.
Quizás lo primero que tengamos que hacer es desmontar el andamiaje mental que nos aprisiona demandandonos certeza en el manejo de todas las complejas variables que intervienen en la construcción de nuestras ciudades y en su devenir y en cambio aceptar la incertidumbre como una lógica del planeamiento basado en lo que Giuseppe Campos Venutti denominó “actuación pragmática regulada” “caracterizada por los modelos contractuales, la convergencia de la planificación con la gestión, la articulación del plan y el proyecto, de lo macro y de lo micro”. Este modelo sería alternativo al del plan rígido y separado de la gestión, tanto como a la gestión de la ciudad por proyectos estratégicos aislados o a la desregulación urbanística.
Un planeamiento que integre todos los actores y subordine la dinámica de los intereses económicos particulares al bien común. La calidad del paisaje, la biodiversidad y la existencia de un ambiente sano para la población y para el turismo son bienes comunes que deben ser manejados adecuadamente para evitar el deterioro. Para lograr la protección de éstos y otros bienes comunes usados en turismo es necesario desarrollar arreglos institucionales que sean respetados por todos los involucrados. Los arreglos institucionales enfrentan un conflicto intrínseco entre desarrollo y conservación que es un conflicto entre el interés público por mantener el medio ambiente y el interés privado que se sacrifica cuando se propone un esquema de conservación (Boyd Caballero y Simpson, 1999).
Dice Saskia Sassen: Tenemos la tecnología para viajar por el espacio pero no logramos proveer agua, comida, vacunas o trabajo a más de 3 mil millones de personas. Esta realidad no es, por supuesto, resultado de una incapacidad científica sino de proyectos económicos y políticos que no persiguen el bien común. La nueva economía informal en las grandes ciudades del Norte y ahora también en el Sur, no es un invento de los pobres para sobrevivir sino una característica consustancial del capitalismo avanzado.
Es decir que la eficiencia del planeamiento y sus herramientas para garantizar el desarrollo humano dependerá de las definiciones que desde el campo de las políticas públicas se adopten para el logro de una sociedad integrada. La subordinación de los instrumentos de la planificación a un modelo de sociedad determinado es un hecho que hay tener en cuenta al momento de priorizar el debate político sobre el instrumental.
Ejemplos de productos urbanos que responden a una planificación del territorio subordinada a una política que sostiene intereses económicos sectoriales abundan en nuestras regiones turísticas. Cuando un Gobierno regionaliza negocios y no problemáticas ambientales, planifica. Cuando se promueve la ocupación de laderas con barrios cerrados, favoreciendo la captación de plusvalías por parte de los grandes consorcios inmobiliarios a expensas del esfuerzo económico de las ciudades próximas y del suelo rural, se planifica. Cuando se privatizan los perilagos para emprendimientos comerciales e inmobiliarios privados, se planifica.
Solo que el norte de esta planificación es la profundización de un modelo de desintegración social y agotamiento de los recursos naturales.
Planificación del marketing. Marketing que respalda cada lanzamiento al mercado de estos productos urbanos y que haría reír si no fuera socialmente escandaloso e intelectualmente miserable.
Basta con pensar en un consorcio inmobiliario de la Ciudad de Córdoba que promueve emprendimientos habitacionales tipo barrio cerrado, definiendo su estrategia urbanizadora como “ el futuro de la tierra”.- Escala temporal de un planeamiento nada inclusivo.
U otros que apelando a una mística new-age muy oportuna venden “ barrios ecológicos de montaña” que paradójicamente van depredando los últimos reductos montañosos que aún quedan en las proximidades de los centros turísticos de nuestras regiones serranas.
Encapsulados dentro del tejido de las ciudades conformando ghettos de lujo o haciendo metástasis sobre el territorio rural, esta nueva forma de urbanización que alumbra el siglo XXI ilustra sobre la escasa eficiencia que los instrumentos de planificación tradicional y sus reformulaciones tienen hoy como herramientas para el logro de una urbanidad democrática y el sostenimiento de una ambiente sano si no existe voluntad política en tal sentido.
Entonces es cuando se torna imperioso asimilar que las decisiones trascendentes de la ciudad deben ser participativas, como dice la Arquitecta Zaida Muxi "La ciudad es un asunto político, en sentido real de la palabra, ha de ser planteada en interés general y no en interés de unos pocos. La ciudad no es producto más de consumo como aparece hoy, sus tiempos son lentos y sus efectos duraderos. Cada acción tomada hoy será vivida por mucho tiempo y por diferentes generaciones".



En nombre del Planeamiento
Nota escrita por la arquitecta Liliana Bina
Publicada en Revista Trazos número 27

Diciembre de 2006

De pronto, bajo la inesperada lluvia de los ingresos por commodities sojeros, la tierra urbana fue fertilizada por las inversiones inmobiliarias.
Los edificios, como hongos, cubrieron las ciudades, devorando infraestructuras y espacios verdes, oscureciendo ventanales, invadiendo intimidades y homogeneizando el paisaje.
Empresas constructoras, operadores inmobiliarios, productores, vendedores de materiales y servicios y profesionales de la construcción aplauden este crecimiento urbano errático, inorgánico y desregulado, en tanto permite la apropiación por parte de los mismos de la renta urbana.
De los costos económicos, sociales, ambientales y patrimoniales nadie se ocupa. Al fin de cuentas, estos costos siempre se socializan.
Que las ciudades se extiendan más allá de sus ejidos ocupando tierras que debieran ser reservadas para actividades productivas o naturales; que los operadores de la renta monopólica del suelo promuevan la construcción de enclaves temáticos recreativos o comerciales, pautando el territorio según una lógica de mercado; que esta lógica de mercado segmentado se corresponda con un modelo social fragmentado, que las áreas centrales y los barrios tradicionales se degraden con la migración de los sectores sociales medios y altos hacia los countries; que los pobres se vean desplazados a zonas marginales por el encarecimiento del suelo urbano; que las infraestructuras y los equipamientos colapsen por la densificación desmedida en los centros urbanos; que las ciudades pierdan identidad y legibilidad empobreciendo su imagen, y sus habitantes calidad de vida y sentido de pertenencia, es algo que parece no figurar en la agenda de urbanistas, planificadores y representantes políticos.
Nuestras ciudades son arrasadas por la voracidad del afán de lucro de unos pocos, abandonadas a un destino incierto por quienes han renunciado , al parecer, al ejercicio de la reflexión desde lo académico, y de la planificación y el control desde lo político.
El panorama no es más alentador desde la perspectiva de los teóricos urbanos más esclarecidos.
Relata Jordi Borja acerca de las posiciones expuestas en el Forum de las Culturas Barcelona 2004:
La coincidencia entre autores marcadamente "radicales" o marxistas como Harvey, Smith, Angotti o Davis con otros de talante más "liberal" (concepto en sentido norteamericano, es decir socialdemócratas) como Cohen, Sassen, Dear o Sorokin es significativa: nuestra época replantea la razón de ser de la ciudad, las dinámicas disgregadoras son muy fuertes y las incertidumbres sobre su futuro crecientes. "
Como contrapartida de esta desorientación y la ausencia de una clave interpretativa que permita al ciudadano común entender y asimilar la complejidad de estos procesos, sorprende la vitalidad con que van creciendo, desde la sociedad, procesos de participación vecinal que instalan nuevamente al hombre en el centro de la vida urbana.
A la falta de planificación y de reflexión académica se contrapone una conciencia creciente por parte de los vecinos que ven afectada su calidad de vida y reclaman un despertar del Estado y una decidida intervención en defensa de su derecho a la ciudad.- De estos signos alentadores dan cuenta experiencias tales como las de la Ciudad de Santa Fé.
Relata un medio de esa provincia: "El vertiginoso crecimiento en altura que experimenta desde hace meses la ciudad de Santa Fe preocupa a los vecinos e instituciones de distintos sectores. Recientemente, las vecinales de Candioti Norte y Sur presentaron una nota ante la Municipalidad solicitando que se acelere un cambio en el Reglamento de Zonificación de esa zona.
El pedido concreto de las familias que habitan esos barrios es que se limite la altura permitida para la construcción de edificios. La preocupación de los firmantes es que la infraestructura urbana no esté preparada para la cantidad y clase de obras que hoy se desarrollan. Principalmente, por los inconvenientes que se puedan generar a futuro en cuanto a la prestación de los servicios básicos y a la circulación en la zona.
Hoy, en la ciudad de Santa Fe, hay más de 90 edificios en ejecución, lo cual también se tradujo en un progresivo cambio de perfil en la estética urbana. Al igual que en otras grandes urbes del país, los ciudadanos desean el progreso, pero se preocupan porque éste no vaya en desmedro de las condiciones de vida del lugar."
Y en el barrio de Caballito en Capital Federal : la Justicia frenó nuevas torres en 16 manzanas del mismo.
Fue por una presentación de vecinos que aseguran que el boom de la construcción puede colapsar los servicios. La medida no suspende las obras actuales y pide un estudio de impacto ambiental.
La Justicia porteña obligó al Gobierno de la Ciudad a no otorgar más permisos de obra para construir edificios en 16 manzanas de ese barrio. La decisión llegó a pedido de los vecinos de la zona, quienes reclaman contra la edificación indiscriminada porque, aseguran, afecta los servicios públicos . Cada vez más constructoras compran lotes y tiran abajo casas antiguas para levantar edificios. Según los vecinos, la edificación sin límites les genera graves perjuicios. Afirman que la mayor cantidad de habitantes hace que las cloacas colapsen y que no haya suficiente luz, gas y agua.
En ambos casos , su similitud con la situación por la que atraviesa Córdoba – Capital y nuestra Ciudad es total .
Reflejo de esto, La Voz del Interior expresa, bajo el título : "Crecer, pero ¿cómo?
El desarrollo inmobiliario avanza al galope en la ciudad de Córdoba, pero no se advierte la planificación que debería regularlo. Ello amenaza los resultados a largo plazo de la actual prosperidad económica. Ciertos emprendimientos inmobiliarios de alto valor, que deberían ser consensuados por las autoridades y los empresarios, con participación de los vecinos en algunos casos, avanzan a su propio aire, sin atender a las necesidades de las futuras aglomeraciones en materia comunicacional, sanitaria y educativa y en muchas ocasiones sin medir los eventuales daños que el impacto de las nuevas construcciones puede llegar a causar en el medio ambiente. Córdoba sigue avanzando. Pero quizá no lo esté haciendo tanto hacia el futuro como hacia una serie de cuellos de botella que pueden sofocar su destino, al menos por un lapso prolongado. Crecer es indispensable. La ciudad y su entorno no deben perder su lugar de predominancia y la recuperación económica debe ser aprovechada. Pero no a tontas y a locas, lo que desperdiciaría la mayor parte de las oportunidades que nos brinda el presente, sino con base en un planeamiento que recupere y oriente los recursos que se generan. Para eso hace falta algo más que dinamismo: hace falta visión estratégica. "
Esta visión estratégica supondría quizás que desde el ámbito nacional y provincial se habilitaran nichos de inversión en sectores de la economía más productivos y sustentables en el tiempo, que la construcción; sectores que puedan absorber las plusvalías emergentes de la explotación agraria y direccionarlas hacia la investigación científica y tecnológica y la producción de bienes con mayor valor agregado, susceptibles de incrementar la producción de divisas.
Contrariamente, la búsqueda de seguridad en la aplicación de excedentes agrarios dirigidos solo hacia la industria inmobiliaria de la construcción, atentará contra el aprovechamiento futuro de estas rentas con un fin social, impidiendo la renovación del capital en ciclos reproductivos, y afectando como contrapartida la sanidad de nuestras ciudades. Y en fin, por una de esas paradojas del flujo de capitales cuando opera como rueda loca, sin el acompañamiento y la dirección del poder público, estas inversiones directas terminan deteriorando su propio valor: los recursos puestos en un medio que se degrada, no pueden sino, ver descender su cotización cuando pasa la coyuntura.


Otras notas escritas por la arquitecta Liliana Bina

Ver En nombre del Planeamiento

Ver Urbanización de las Sierras Chicas


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