En la zona de Villa Independencia se conservan aún tipologías edilicias de la época, como testimonio de los orígenes de Carlos Paz, donde una nueva arquitectura, respondiendo a los requerimientos del “progreso” y el turismo masivo, hizo desaparecer.
A poco más de tres kilómetros del centro de Villa Carlos Paz, la avendida Cárcano nos conduce a la zona de Villa Independencia, paraje, que constituyó parte de la estancia “San Antonio” perteneciente a Antonio de Arredondo y sus descendientes, que adquiere su fisonomía actual cuando en 1930 don Juan de Irós, compra una franja de tierra sobre el río San Antonio hasta la ladera de la montaña, loteándola para la construcción de villas veraniegas. Recordemos que aquel era un turismo distinto al de nuestros días, turismo que movilizaba a toda la familia en largas estadías de vacaciones y que caracterizaron a nuestra ciudad en sus comienzos.
Según la museóloga Liliana de Denaro: “En 1935, se radican en Villa Independencia, las primeras familias, consolidándose un asentamiento turístico, favorecido por la creciente atracción generada en Carlos Paz sobre ciertos sectores de la población que se daban cita en reuniones prestigiosas de los hoteles Carena y Yolanda. Recordemos que en los años transcurridos desde la conclusión de la Primera Guerra Mundial hasta fines de la segunda, se fue formando y consolidando la tan vapuleada hoy, gran clase media argentina”.
Dejamos la Av. Cárcano, es el momento de abandonar la ruta e internarnos por las calles menores y senderos peatonales de la montaña para descubrir la estilística de la arquitectura “pintoresca” que aprovechando las singularidades de la topografía o del paisaje del lugar, emplaza los chalets sobre las barrancas naturales, formando desniveles para ubicar garages semihundidos y a veces cubiertos por jardines, grandes escalinatas irregulares, porches o galerías de entrada.
Las casonas de Villa Independencia, construídas en la década del 30-40, cuentan con techumbres a cuatro aguas o múltiples caídas en tejas coloniales o chapas con canaletas y cenefas, chimeneas, el adovelado de los arcos enfatizando las portadas, postigones y contrafuertes. La piedra terminada a la rústica, es empleada en umbrales, parte de los muros o recubrimiento de zócalos.
Sus habitantes alejados de las obligaciones de la ciudad, organizaban pintorescos paseos y buscando la frescura del río San Antonio, accedían por un sendero peatonal, desembocando a una amplia escalinata de piedra e instalaciones del antiguo balneario, hoy prácticamente desaparecido.