El requerimiento del comitente era lograr un cambio de imagen total, romper con una visión nostálgica y con veinte años de una estética estanca. La interpretación entonces fue concebida como una instancia espacial única, de líneas simples y fácil lectura con muy poco grado de intimidad en una zona cercana al ingreso destinada para un café y una charla un poco mas formal. El arribo al lugar debía ser para el visitante una esperada pausa en su paseo por una ciudad tan llena de imágenes contradictorias y fragmentadas. Por eso la necesidad de brindarle al usuario la sensación de un espacio tranquilo, coherente, auténtico, con un suave fluir de curvas de fondo, que simulan un telón donde se exhiben auténticas piezas fotográficas de nuestra mitología actoral con las que crecieron varias generaciones de argentinos a las que de esta manera se les rinde un homenaje. Los límites del espacio se materializan de forma sutil. Un ingreso acompañado por una escultura casi virtual realizada en vitrofusión y templado, que transmite al visitante la imágen de un lago poblado de velas. El diseño del piso, con toques triangulares en tres colores, corresponde a un desorden que ordena distintas actividades, como son ingresar a un lugar, sentarse y permanecer, o salir de una sala de espectáculos guiados por el diseño del solado. El equipamiento de mesas y sillas se resolvió de una manera simple transportando el diseño y color del plano inferior a las mismas. Somos quienes somos en cuanto logramos diferenciarnos de los demás. Teatro Bar, Sala de Espectáculos y su nuevo Epacio Gastronómico logró eso: romper con la imagen del pasado, de uniformidad, de duplicación, de pretenciones. Lo que prima ahora es el valor de la diferencia, de lo auténtico, de la simpleza, que se corresponde con una apariencia y con un contenido, que para la máquina reproductiva es fácil copiar pero dificil diferenciar.