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TEMAS
LOS ESTADIOS DEL MUNDIAL
Publicada en Trazos 25 - Julio de 2006

Si bien el Campeonato Mundial de Futbol desarrollado en Alemania, se jugó en 12 magníficos estadios, fruto de un programa de construcción dotado con 1,5 billones de dólares, fueron dos los que acapararon la atención de los críticos de arquitectura. El Allianz Arena que sorprende por su avanzada tecnología con una piel tridimensional, que lo ilumina de distintos colores y el estadio olímpico de Berlín, construido en la era hitleriana y reconstruido en su totalidad.
Al decir de los críticos, ambas sedes muestran arquitecturas muy opuestas entre sí: el Allianz Arena, leve, colorido y suburbano, posado en el paisaje como un dirigible festivo y fugaz y el Estadio Olímpico, pesado, grisáceo y solemne, con sus pórticos monumentales levantándose sobre una explanada urbana.
El estadio más moderno de Europa

Es algo más que una estructura deportiva o un simple estadio de fútbol: el Allianz Arena es un fascinante ícono urbano, una arquitectura y al mismo tiempo una máquina escénica capaz de transformarse y de transformar el paisaje que la rodea.
Lo que hace verdaderamente espectacular al nuevo estadio de Munich de los dos arquitectos suizos, Herzog & de Meuron, es su "piel": un revestimiento constituido por cerca de 3.000 paneles que cambian de color durante el día y según los acontecimientos deportivos.
El blanco del día, puede iluminarse por la noche, o transformarse en rojo o azul, según el equipo que juega y los colores correspondientes.
El estadio más histórico

Pocas construcciones deportivas encierran en sus entrañas tanta historia como el estadio Olímpico de Berlín, testigo mudo e imponente de algunas de las páginas más significativas del siglo XX.
En 1933 Adolf Hitler accedió al poder y se propuso utilizar los Juegos Olímpicos de 1936 en Berlín para promocionar mundialmente su régimen nazi.
En Alemania es el período donde la arquitectura y escenografía se unen en monumentales y militarizadas construcciones. Sus modelos proceden del arte egipcio, del babilónico, del neoclásico, etc., que le proporcionan elementos que enfatizados y monumentalizados se convierten en la expresión más clara del poder. Así nace el Estadio Olímpico de Berlín, típica edificación de la dictadura nacionalsocialista, ansiosa de prestigio.
Fue el juguete del Kaiser Guillermo II, sirvió como hospital durante la I Guerra Mundial, acogió grandes manifestaciones de la Alemania nazi de Hitler, sobrevivió a los bombardeos aliados en la II Guerra Mundial, fue restaurado tras la Segunda Guerra Mundial, quedó semiabandonado en la Guerra Fría en Berlín Occidental y albergó partidos de la Copa Mundial de 1974. Fue en el 2000 cuando se inciaron las últimas obras de reconstrucción. La remodelación se completó en septiembre de 2004, con un coste cercano a 250 millones de dólares
ANALISIS COMPARATIVOS

" La pelota dibujada en los carteles de la estación de subte Fröttmaning da una idea de lo que significa el Allianz Arena para Munich. Ni siquiera Marienplatz, casco histórico y nudo central ferroviario, tiene un ícono que la identifique. Se entiende: mientras son cientos los turistas que quieren ver el Nuevo Ayuntamiento una maravilla neogótica con un carillón del siglo XVI que domina la plaza principal una gambeta de Martín Demichelis, argentino e ídolo del Bayern, puede ser festejada por 66 mil hinchas.
Así que sólo hace falta comprar boleto y seguir las flechas para llegar al estadio donde se inaugurará la Copa del Mundo. Es una tarde brumosa y de lluvia pertinaz y las formas mullidas creadas por Herzog y de Meuron se confunden con las nubes. Ya en la estación, basta con cruzar una suerte de pasarela alambrada para desembocar en la explanada, un enorme playón de hormigón de 6 cuadras, serpenteado por calles y lenguas de césped. Cada tanto, unas luminarias como globos adelgazados salpican el camino. A lo lejos, perfecto en sus redondeces, el estadio domina la soledad del paisaje.
Mientras se recorren esos metros y la figura del Allianz empieza a agigantarse, uno no puede sino pensar en las multitudes de hinchas marchando hacia la cancha que brilla con los colores de su equipo. El objetivo de los proyectistas, para los que el fútbol parece ser la religión más potente de estos tiempos, está cumplido. "Una de las claves de la obra es la imagen de los fanáticos llegando al estadio en procesión", dicen los arquitectos suizos. Por eso a la explanada es tan importante como la piel luminosa.
Rojo, azul y blanco. Acostumbrados a sorprender con sus hallazgos, Herzog & De Meuron vistieron al Allianz con una piel tridimensional. Puestos en el brete de diseñar un estadio que sería compartido por dos equipos con colores diferentes (el Bayern, rojo y blanco; y el TSV 1860, azul y blanco), los ganadores del Pritzker en 2001 pensaron el volumen principal del edificio como un gran cuerpo iluminado.
Para materializar la idea, crearon una grilla romboidal de acero a la que adosaron 2.874 almohaditas inflables de plástico, no muy diferentes de las que se usan para la playa, pero hechas de compuesto ultraresistente conocido como EFTE. Con controles digitales, las almohaditas, de un blanco casi transparente, se iluminan independientemente por detrás con los tonos deseados. Dos paneles con tres tubos (rojo, blanco y azul) se ubican por debajo y por encima de cada una y, gracias a un espejo parabólico, consiguen un color parejo toda la superficie.
Simétrico por donde se lo mire, más que un edificio, el Allianz es un objeto "vivo", cuya piel respira (las almohaditas se mantienen infladas con aire a presión constante) y exhuda pasión futbolera al encenderse con colores cambiantes. Ideal para ser mostrado por las cámaras de TV. El interior del estadio, en cambio, es pura austeridad en hormigón visto: escaleras y paredes están pintadas de gris. Una malla de aluminio protege a las almohadas inflables a través de las cuales se puede otear la explanada y los sembradíos de Fröttmaning.
Como en los viejos teatros shakespereanos, tal vez inspiradores de los estadios ingleses, las bandejas de asientos se acercan todo lo posible al campo: la primera fila está a sólo 7,5 metros del césped. Concebido "como un gran cráter", el espacio alrededor del campo de juego va aumentando su inclinación "todo lo que la gravedad permite", dicen los proyectistas a medida que se acerca a la cubierta. Tanto es así que en las visitas guiadas recomiendan no subir a los últimos niveles a aquellos proclives al vértigo. Pero sí arengan a gritar, cualquiera sea el asiento que se ocupe, para comprobar cómo la masa inflable actúa también como colchón acústico: el cántico de un grupo de veinte resuena como una hinchada entera.
"Una de nuestras prioridades declaró Jaques Herzog en una entrevista con el Financial Times fue volver a las raíces del fútbol. Crear intimidad entre los jugadores y la multitud. Cuando eso se logra, la gente y la arquitectura son una misma cosa".
Mirar hacia arriba también tiene lo suyo. De forma similar a la de un neumático, en el Allianz se confunden la piel y la cubierta. La estructura de la envolvente se continúa en el techo hasta proteger todas las bandejas de butacas, recortando sólo un pedazo de cielo sobre el campo.
Cientos de vigas cruzan en todas direcciones y tiras de toldos retráctiles dispuestas radialmente oscurecen y aclaran distintas zonas, según la luz, cuando no hay partido. Porque para la ceremonia del fútbol los toldos se cierran totalmente, como para que nadie pueda concentrarse en otra cosa que no sea lo que pasa en la cancha."
GRACIELA BADUEL (Diario Clarín - Argentina)
Mientras la obra de Munich es una nueva, revestida con almohadillas inflables de plástico que cambian de color con la iluminación como una pista de baile, la de Berlín es la remodelación de un estadio histórico, que añade una marquesina sobre las gradas pero respeta la gravedad arcaica de la piedra caliza y el hieratismo axial de sus geometrías esenciales.

"Si la Allianz Arena es leve, colorista y suburbana, posada en el paisaje como un dirigible festivo y fugaz, el Estadio Olímpico es pesado, grisáceo y solemne, con sus pórticos monumentales levantándose sobre una explanada urbana; si la obra de Múnich es una construcción nueva, revestida con la tecnología reciente de las almohadillas hinchables de plástico ETFE (etiltetrafluoretileno), que cambian de color con la iluminación como una pista de baile en una discoteca, la obra de Berlín es la remodelación de un estadio histórico, que añade una marquesina sobre las gradas pero por lo demás respeta la gravedad arcaica de la piedra caliza y el hieratismo axial de sus geometrías esenciales; y si el estadio de Herzog y De Meuron se conforma como una olla con tres tribunas de gran pendiente y una cubierta que casi se cierra sobre el hervor de la multitud, el proyectado por Otto March hace un siglo (completado en los años treinta por sus hijos Walter y Werner, y adaptado ahora por Volkwin Marg, de la firma Von Gerkan & Marg) muestra la pendiente tendida y la lejanía a la cancha característica de las instalaciones de atletismo, un inconveniente para el fútbol que se suma a la interrupción de las gradas por la puerta del Maratón, y a la disminución de la visibilidad de la tribuna superior por los soportes arborescentes del anillo sin cerrar de la marquesina."
LUIS FERNÁNDEZ-GALIANO BABELIA (El País - España)
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